Por Julio Jiménez
La alimentación nicaragüense es bien variada
y deliciosa, permitiendo una explosión
de sabor en el paladar, pero como la mayoría de platos latinoamericanos:
"es altamente calórica"; pero este artículo no pretende ser
nutricional, ni mucho menos convencer de comer menos fritanga y más verduras,
sino mencionar la influencia que tiene la
alimentación en nuestras emociones y comportamiento; gracias por leer y
compartir...
Decidir nuestra
alimentación debe ser parte importante de nuestra rutina ¿No es verdad que
cuando estas hambriento te pones de mal humor y hasta con dolor de a cabeza? ¿o que después de una comida muy abundante te sientes
somnoliento, pesado, incluso con dificultad para pensar y articular una plática
ágilmente?
Nuestro organismo necesita de las propiedades de los alimentos
para evitar consecuencias en el presente y en el futuro, la comida es nuestro
motor. Tan solo en estado de reposo, el cerebro requiere de casi el
30% de la energía que gastamos al día; así que dime qué comes y te diré como te
comportas.
¡Barriga llena corazón contento! decimos por estos lados, nuestra sensación de hambre puede provocar que estemos más irritables, más propensos a ser dominados por emociones negativas, este sería un claro ejemplo de como hay una estrecha relación entre tener hambre y no tener y nuestro comportamiento. Sin embargo ¿será posible que la calidad de lo que comamos influya en nuestras emociones? pues...
Es mucha la importancia de elegir nuestra alimentación pues, afecta desde que estamos en el vientre de mamá, de hecho, los primeros dos años de vida nuestro cerebro básicamente duplica su tamaño por nuestra alimentación; para los 10 años de edad las conexiones neuronales llegan incluso a superar las de un adulto.
De adultos decidimos saltarnos el desayuno por falta de tiempo, pero desayunar o no desayunar se puede volver un tema fundamental a la hora de analizar la habilidad y rapidez para resolver problemas en nuestro trabajo, la motivación para realizar actividades físicas por la tarde, incluso nuestra capacidad para relajarnos y descansar son funciones determinadas por señales en el cerebro que requieren estar bien nutridas.
Combinación: estrés y la falta de sueño
Estudios demuestran que la combinación de pobreza nutricional con estrés emocional y hábitos como fumar o falta de ejercicio, propician mayor incidencia de desordenes de conducta como violencia, hiperactividad, "depresión", migrañas, ansiedad o pérdida de la memoria. Por ello, las modificaciones positivas que hagamos a la alimentación diaria en la familia podrán mejorar tanto la actividad cerebral como el comportamiento y desarrollo social de una persona.
Recomendación
Recuerda incluir frutas, verduras y un balance en la ingesta de carne semanal, además, no olvides que el desayuno es la comida más importante del día para nuestro organismo. Tratemos que lo primero que elijamos comer sea natural y saludable. Notarás las mejoras inmediatas.
Consumir té verde sin azúcar por la mañana nos ayuda a eliminar las toxinas de nuestro organismo, aunque consulta con tu médico si padeces de hipertensión; una deliciosa ensalada de frutas acompañado de una rica granola nos puede dar esa energía positiva que necesita nuestro cuerpo para despertar.